ANTECEDENTES DE LOS INDICADORES DE
DESARROLLO SOSTENIBLE EN EL ESQUEMA PER EN MÉXICO
Ante la convocatoria en 1995 de la Comisión
de Desarrollo Sostenible de la ONU para llevar a cabo la prueba piloto mundial
de elaboración de indicadores de desarrollo sostenible, México acogió con
entusiasmo esta iniciativa. Tanto el Instituto Nacional de Ecología (INE
–órgano dependiente de la entonces Semarnap encargado de ejecutar la política y
la gestión ambiental nacional–) como el INEGI comenzaron, por separado, a
involucrarse espontáneamente y de manera no oficial en la prueba.
Durante el tercer taller de indicadores de
desarrollo sustentable (Costa Rica, 1997) se decidió formalmente la
incorporación de México al proceso de prueba. Desde entonces hubo un mayor
acercamiento entre ambas instituciones, aunque el trabajo continuó haciéndose
individualmente. En 1998 se oficializaron los contactos y en 1999 las dos
instituciones iniciaron el trabajo conjunto de los indicadores.
Una vez hecho este proceso se decidió
unificar el trabajo, así como la distribución de dichos indicadores por temas o
categorías según las responsabilidades de cada institución. Así, al INEGI le
correspondió elaborar y/o recopilar los de naturaleza económica y social en
tanto que el INE se responsabilizó por los ambientales; los indicadores de la
categoría institucional se distribuyeron entre ambas instituciones según la
disponibilidad de información.
En abril de 1999 el INE y el INEGI
realizaron una reunión decisiva para el ejercicio piloto, cuyo objetivo era
concretar las vías del trabajo conjunto para elaborar los indicadores. Los
acuerdos más importantes fueron:
(a) Coordinar una respuesta conjunta
de México a la comunicación de la División de Desarrollo Sostenible (DDS)
solicitando comentarios al informe provisional «Testing the CSD Indicators
of Sustainable Development – Testing Process, Indicators and Methodology
Sheets», así como un balance del trabajo elaborado por México sobre los
indicadores de sostenibilidad que actualizara los resultados que hasta finales
de 1998 habían sido reportados a la DDS.
(b) Acordar un plan de trabajo sobre
las actividades a desarrollar para concluir la tercera fase del proceso de
prueba, el cual consistiría en: integrar en una sola versión los avances que
separadamente había hecho cada institución; determinar los formatos y
procedimientos para clarificar los atributos y posibles deficiencias de los
indicadores y así obtener la lista definitiva de los mismos; adoptar el formato
de presentación de los indicadores para el informe final (incluyendo
definición, metodología, información, etc.); y adoptar la estructura y
contenidos del informe de evaluación que sería reportado a la DDS.
(c) Evaluar las posibilidades de
difundir en medios impresos y electrónicos los resultados de la prueba y
contribuir de esta manera a un mayor conocimiento sobre el tema e impulsar la
elaboración de los indicadores entre las diversas instituciones y organismos
sociales del país.
CRITERIOS DE SELECCIÓN DE LOS INDICADORES
EN EL ESQUEMA PER EN MÉXICO
Aun cuando los indicadores se trabajaron
inicialmente por separado entre el INE y el INEGI, cada institución adoptó en
general los siguientes criterios de selección:
(a) Evaluación de la existencia y uso
de los indicadores en las distintas instituciones del país vinculadas con la
gestión ambiental y el desarrollo sostenible;
(b) Evaluación de la disponibilidad de
información básica, es decir, una exploración sobre los datos requeridos para
la elaboración de los 134 indicadores, las instituciones responsables y las
fuentes de los datos;
(c) Identificación de los objetivos
del desarrollo sostenible y de sus áreas prioritarias como también de los
objetivos y metas consignados en el Plan Nacional de Desarrollo (1995 – 2000,
sic).
De manera implícita, se aceptó, por un
lado, que la mayoría de los indicadores propuestos en el manual tenía una
relación estrecha con las prioridades y estrategias nacionales sobre desarrollo
sostenible y, por otro, dada la creciente demanda de información ambiental, era
oportuno iniciar, cuanto antes, el proceso de elaboración de los indicadores de
sostenibilidad.
En otras palabras, se optó por trabajar
todos los indicadores de la lista propuesta por la Comisión de Desarrollo
Sostenible, buscando generar la mayoría de ellos, a pesar de la dificultad en
algunos. En aquellos casos de no-disponibilidad de información, y considerando
la relevancia y utilidad del indicador, el camino a seguir fue recopilar los
datos básicos hasta donde fuese posible para construir un indicador
alternativo.
En este proceso, se fue aclarando la
factibilidad o no de elaboración para muchos indicadores, desde la evaluación
de la calidad y consistencia de la información, la confrontación de ésta con la
metodología propuesta del indicador, hasta su afinación o reformulación en
términos de programar su posterior desarrollo.
INTEGRACIÓN DE LOS INDICADORES
Con los objetivos y criterios arriba
expuestos, México logró generar 113 indicadores de sostenibilidad de un total
de 134. Esa cantidad se integra de 97 elaborados conforme a su correspondiente
hoja metodológica más otros 16 que son de carácter alternativo a la metodología
propuesta. De los restantes 21 no evaluados, 6 indicadores están en proceso de
desarrollo y otros 15 cuya información no está disponible en tanto no responden
por ahora a las prioridades nacionales de información.
Este balance se ilustra en el siguiente
resumen: De los 113 indicadores generados, 39 son de presión, 43 de estado
y 31 de respuesta. En los tres casos, los resultados obtenidos pueden
considerarse altamente satisfactorios. Por categorías temáticas, la capacidad
general de elaboración es mayor en los temas social y económico (85.4 y 82.6%,
respectivamente), lo cual se explica porque para muchos de ellos la información
básica o el indicador mismo es desarrollado y utilizado desde hace mucho tiempo
en el país.
La información estadística de los
indicadores generados se presenta acompañada del formato siguiente: breve
definición clasificación o ubicación según el esquema presión-estado-respuesta
(PER) y propósito del indicador. Asimismo, en los casos que lo ameritan, se
incluye un segmento de comentarios específicos sobre: (a) las características
de la información y de las fuentes utilizadas para su elaboración; (b) los
vacíos o insuficiencias de la definición y, en algunos casos, recomendaciones
de cómo cubrir tales vacíos; y (c) enfatizar la relevancia de los vínculos del
indicador en turno con otros de índole sociodemográfica, económica, ambiental o
institucional.

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