jueves, 24 de agosto de 2017

TAREA 7. MATERIALES DE PRODUCCIÓN


MATERIALES DE PRODUCCIÓN 

 
Tradicionalmente en el sector de la construcción se han utilizado materiales de carácter local tales como el ladrillo, la madera, el corcho, etc, lo que se traducía en unos costes energéticos e impactos ambientales reducidos.
Asimismo, existía una adaptación del diseño del edificio a las condiciones climáticas locales, lo que repercutía en una mayor calidad del edificio y un mayor confort térmico para los ocupantes. En la actualidad, el uso masivo de materiales de carácter global como el cemento, el aluminio, el hormigón, el PVC, etc, hacausado unincremento notable en los costes energéticos y medioambientales.
Según diversos estudios, la fabricación de los materiales precisos para construir un metro cuadrado de una edificación estándar puede suponer la inversión de una cantidad de energía equivalente a la producida por la combustión de más de 150 litros de gasolina. Cada metro cuadrado construido conllevaría una emisión media de 0,5 toneladas de dióxido de carbono y un consumo energético de 1600 kWh (que variaría en función del diseño del edificio) considerando solamente el impacto asociado a los materiales. La figura 1 muestra la contribución relativa de los principales materiales de construcción en las emisiones de CO2 asociadas a un metro cuadrado de un bloque de viviendas estándar, donde destaca el alto impacto de materiales comúnmente usados en los edificios como el acero, el cemento o la cerámica.
  
Impacto energético y medioambiental de los materiales de construcción
Desde una perspectiva de ciclo de vida, la reducción del impacto medioambiental de los edificios pasa por el uso de materiales renovables o reciclados de la biosfera, como la madera, las fibras animales o vegetales, las pinturas y barnices naturales, con bajo nivel de procesado industrial. En todos estos casos, la mayoría de la energía asociada a su producción proviene del sol, por lo que el consumo de energías no-renovables y las emisiones asociadas se reducen considerablemente.
Al analizar los distintos productos cerámicos (ladrillos, baldosas y tejas) se observa que, especialmente las baldosas cerámicas, tienen una gran energía incorporada, debido principalmente al elevado consumo de gas natural durante su cocción. Respecto a las distintas tipologías de ladrillos, el uso de ladrillos de arcilla aligerada y sobretodo de ladrillos silico-calcáreos conlleva una clara disminución de los impactos energéticos y ambientales.
Conviene destacar el potencial de disminución de impactos existente, en los productos cerámicos, asociado a una futura sustitución tecnológica de los actuales hornos de gas por modernos hornos de biomasa, que en realidad, supondría un retorno a los orígenes de la producción cerámica tradicional, caracterizada por su sostenibilidad, tanto en el ámbito socioeconómico como en el medioambiental.
En cuanto a los aislamientos, el impacto de los aislantes convencionales con alto nivel de procesado industrial -como el poliestireno o el poliuretano- es claramente superior al impacto de materiales naturales como el corcho, la fibra de madera y la lana de oveja, o reciclados como la fibra de celulosa.
Debido al uso cada vez más extendido de los tejidos sintéticos, la lana de oveja se ha convertido, para la sociedad actual, en un producto con un mercado cada vez más reducido, considerándose ya, en muchos casos, un “residuo” de difícil aprovechamiento. La creación de empresas productoras de lana de oveja como aislamiento térmico de los edificios permitiría convertir este “residuo” de nuestra época en una materia prima barata y abundante, que, además, contribuiría a un desarrollo sostenible y equilibrado de las áreas rurales.
Por otra parte, la obtención de corcho en los bosques y dehesas del Sur de Europa es una de las producciones más ecológicas que existen, ya que éste se extrae del árbol durante el verano cada 10 años, sin causar daños al árbol y manteniendo vivo un ecosistema de alto valor ecológico, que probablemente desaparecería por la roturación de tierras, en ausencia de aprovechamiento económico.
No obstante, actualmente existe una cierta inercia al uso de los aislantes convencionales, debido a la existencia de una red comercial más extendida y que, por tanto, conlleva un precio normalmente más bajo, unida al desconocimiento y, a veces, el escepticismo existente entre algunos diseñadores por otras soluciones mucho más respetuosas con el medio ambiente. Para cambiar esta situación se debería fomentar, desde las distintas Administraciones, el uso de materiales aislantes naturales y/o reciclados, que proporcionan un nivel de aislamiento y confort térmico en los edificios similar o incluso mayor, promoviendo la creación de una red comercial potente de aislantes ecológicos capaz de competir, en igualdad de condiciones, con los aislantes tradicionales.

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